Arteterapia: Juega con tu creatividad

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Cuando era pequeña y me caía, y le contaba a mi padre que me dolía aquí, él, para animarme, me decía: “pues vete allí”. ¡Qué fácil era consolarme!: una dosis de cariño, otra de risas y un poco de desdramatización del problema, para que cinco minutos más tarde, ya estuviera jugando en otro lugar y no acordarme más de ese cardenal que me había salido en la pantorilla. Mi madre se encargaba de otra parte de la solución del problema: desinfectaba la herida y la cubría con un apósito; y si era muy grave, directa al hospital a por unos cuantos puntos, tan dolorosos como necesarios.

Este es un ejemplo de una pequeña crisis infantil y de cómo se solucionó en ese momento, pero la realidad es que la vida está llena de crisis de distinta índole: de salud, personales, psicológicas, económicas, laborales, políticas, etc., que hacen que nos movamos, que estemos en una constante superación o, por el contrario, quedarnos estancados en nuestro malestar.

Los años que vivimos están llenos de cambios de vida: perdidas de trabajo, resituaciones familiares, reajustes del presupuesto familiar, planteamientos de prioridades, crisis de identidad. Estas situaciones complicadas y las consecuencias que nos traen, hacen que nos sintamos muy sensibles a nuestro alrededor; a quien no le ha tocado a un nivel le ha venido por otro lado, a través de un familiar, un amigo, un conocido, un compañero,…, y se acentía no sólo nuestra sensibilidad sino múltiples reflexiones internas que nos invitan a cuestionarnos a nosotros mismos: ¿Quién soy?  ¿Cómo soy? ¿Qué es lo que realmente quiero hacer en mi vida?  ¿Cómo sigo adelante? ¿De que recursos dispongo? ¿Para qué los voy a utilizar? U otras cuestiones dentro de la gran complejidad que somos cada ser humano. Es decir, nos llevan a la necesidad de conocernos profundamente.

Ahora nos podríamos preguntar ¿Qué ocurre si seguimos adelante sin aprovechar esta oportunidad que nos trae la vida para conocernos íntimamente? Cuando has dejado atrás algunas de estas crisis, – que todos pasamos-, nos damos cuenta que cualquier decisión, hasta aquellas que parecen temporales pero que a simple vista son una buena solución para salir del paso, nos marcan. Es simple, la ley de Causa y Efecto. Oímos hablar de libros como El Secreto, que nos invitan a creer en nosotros mismos y a confiar en la vida. Pero si esa confía se basa en uno mismo, en lo que tiene en su interior, en lo que realmente desea ¿cómo vas a acceder a ello si te conoces y reconoces?

Me produce una profunda tristeza cuando a estos temas escucho, con cierta asiduidad, respuestas como: ahora no tengo tiempo para esto, necesito estar centrado en otros temas, además, yo ya me conozco lo suficiente, o, no puedo perder el tiempo en eso, ya estoy bastante liado como para meterme en más historias.

Hemos de darnos cuenta de que no se puede volver atrás en el tiempo. ya sabemos cómo nos ha ido en el pasado y las consecuencias resultantes de las soluciones que propusimos. Ahora preguntémonos: ¿Fueron válidas? ¿Me sirvieron? ¿Aprendí de ellas? ¿Qué aprendí? ¿Me hicieron madurar? Como las resuelves determina tu siguiente fase de la vida. Y así sucesivamente.

A los mismos problemas cada uno aplicamos distintas soluciones, por lo tanto, es necesario pararse y descubrir lo que hemos aprendido de cada crisis pasada. Para ello, me vuelvo a mi pequeña anécdota familiar: mis progenitores me enseñaban a solucionarlos de distintas maneras y en distintos campos. ¿Es fácil cuando eres un niño? Esa es otra cuestión. El planteamiento aquí es otro, es preguntarnos, cuestionarnos: ¿Qué he aprendido de la crisis pasada? ¿Qué recursos tengo y cuales he puesto en funcionamiento? ¿Cuales puedo desarrollar en este momento de mi vida? Caer en la cuenta que descubrirse a uno mismo es una auténtica aventura. Somos portadores de grandes valores que no nos podemos permitir perder por el camino, sobre todo cuando la que tenemos encima es tan “grande”, que parece que en muchos momentos nos engulle y no nos deja respirar. Ahí es cuando uno tiene que estar ojo avizor, hacer un alto en el camino, escucharse y dar tiempo a que tus propios recursos se activen.

Parte de esa activación viene dada por un camino de escucha interna, lenta y profunda, que te cala hasta lo más hondo. Pues cuando consigues la certeza de la conquista de ti mismo, esta se mantiene para siempre. Es cuando empiezas a tomar decisiones desde tu ser, a pesar de las circunstancias y de los condicionamientos. Y entonces saber que así SI. Así es por donde lograrás vivir la vida que quieres para ti.

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Hace poco un amigo me recordó una frase que a él le había enseñado un profesor muy especial: “Ama la realidad que construyas en tu vida”. Las psicologías y terapias humanistas, como la Gestalt y la Arteterapia, nos invitan a esto: a conocernos íntimamente para llevar una vida plena, es decir, la vida que cada uno queremos llevar.

Dime. cuando estas enganchado en la queja, en lo mal que te va, en que estas bloqueado ¿Lo estás haciendo? ¿Estás amando tu realidad? Yo siento que no, que ahí nos perdemos. Muchas crisis son inevitables. De hecho forman parte de la vida de cada uno de nosotros. La diferencia es como las vivimos y desde qué punto de nuestro interior. Y pararse, y reconocer que te has perdido o que tienes el riesgo de perderte puede ayudar a salir de la manera más adecuada a cada caso.

Nuestro tiempo es único y limitado. Aprender la escucha interna, sentir tu propia respiración, vivir la plenitud del presente, entenderte, elegir lo que quieres, con madurez y conciencia para que te dé paz y tranquilidad, amar a quienes te rodean… Entonces, conocerse más íntimamente nos servirá de guía y nos ayudará a continuar nuestro camino con algo más de conciencia, plenitud y paz.

La Terapia Gestalt propone un modelo de vida en el que el individuo se dé cuenta de su propia responsabilidad vital y de la sabiduría que posee su organismo. Se realiza desde una concepción orgánica del ser humano y cree en la capacidad individual para solucionar los problemas, y afrontar y construir nuestra vida.

La creatividad que uno desarrolla en Arteterapia se puede entender como una forma de autoconocimiento. No se trata sólo de hacer consciente un material vedado a la palabra, sino de la posibilidad de entrar en un movimiento que permite vernos de forma integral a travçes de una confirmación material, es decir, a travçes de nuestras propias creaciones, ya sean un dibujo, una pieza de arcilla, una obra de teatro o una danza.

Mediante la obra de arte en la Arteterapia Gestáltica se logra explorar la interacción entre los fenómenos físicos y los psicológicos. Con la realización de los ejercicios, el sujeto, de alguna forma, piensa con los sentidos, es decir, que las creaciones ofrecen una dimensión material de su comportamiento. A través de las estructuras de las creaciones, el sujeto puede ver la estructura de su comportamiento, de tal forma que se pueden producir cambios en su existencia, pues no se trata de un razonamiento lógico o un discurso, sino de la comprensión de aquello que no vemos normalmente.  Se trata de acceder a la configuración de la totalidad expresiva del sujeto, a través de sus mensajes visuales.

Desde aquí, en este momento, te invito a que te aventures a enamorarte de ti, por que la realidad es que si te conoces y te quieres, ese es El Secreto.

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