El poder dañino de los rumores

Las tres preguntas de Sócrates - PsicoarteParece que de una u otra manera todos, en algún momento, hablamos de los demás. Nos gusta, nos mantiene informados y nos permite hacernos una opinión sobre el otro y la realidad social en la que vivimos. La historia de la humanidad está repleta de anécdotas de cómo se ha llegado a modificar el transcurso de los acontecimientos en función de los rumores y/o información que le ha llegado a un personaje en concreto.

En este post quiero hacer una reflexión sobre el lado oscuro de los bulos y rumores con los que convivimos a diario y  que hoy en día, gracias a las redes sociales e internet, campan a sus anchas y anidan en nuestros pensamientos y sentimientos sin poner límite alguno.

Ocurre que rumorear acontece de manera natural y que a todo el mundo parece gustarle. Con intencionalidad positiva o negativa, y en mayor o menor grado, hablar de los demás surge como necesidad de llenar huecos de conocimiento, como mecanismo de defensa para ocultar carencias, rencores o envidias, o tal vez, con el firme propósito de influir sobre la reputación de una persona.

Todos, en algún momento, hemos participado en chismorrear o nos hemos visto como víctimas de algún bulo, ya sea en el ámbito del trabajo, amistoso o familiar. Las causas y consecuencias de estos bulos no tienen límite y apenas pueden ser controlados. Un bulo mal intencionado y bien lanzado puede acabar con la reputación de una persona, destrozar su carrera laboral o minar su credibilidad frente a terceros. Por no hablar del cruel daño emocional que vive el protagonista en cuestión.  Daño a menudo profundo y difícil de reparar.

Es muy fácil crear un bulo, apenas se necesita un poco de creatividad, añadir elementos morbosos o entrar a tocar las creencias y comportamientos sociales desde las que se maneja un determinado grupo para que la chispa salte y se propague como la pólvora. Un bulo puede ser una verdad a medias o una mentira entera. Da igual, sigue siendo un bulo. Y la facilidad para comprobar su verosimilitud no es un problema pues la mayoría de las personas no se molesta en hacerlo, prefiere que la verdad no estropee una buena historia. Incluso si se llega a saber la “verdad”, el bulo se ha encargado de sembrar para siempre la duda de esa persona.

Socrates - Psicoarte

Para evitar en la medida de lo posible su propagación propongo seguir el ejemplo de Sócrates y su famosa teoría de las tres preguntas clave. Dice algo así….

“Estaba Sócrates sentado reflexionando, cuando se le acercó un discípulo que con el objetivo de ganarse su simpatía quiso contarle el chisme de otro compañero. Antes de dejarle hablar, Sócrates le pregunto sobre la conveniencia  de someter su historia a las tres preguntas clave. El discípulo aceptó y Sócrates le hizo la primera pregunta:

– ¿Te consta porque así lo has comprobado, que lo que me vas a contar es completamente cierto? (Veracidad)

– No, respondió el discípulo. Pero está en boca de todo el mundo, y tiene toda la pinta de serlo.

– Es decir, que no solo no lo sabes sino que ni siquieras te cuestionas su veracidad.

Segunda pregunta clave, continuó:

-Lo que vas a contarme ¿es algo positivo hacia la persona de la que me vas a hablar? (Bondad)

-Por supuesto que no, dijo el discípulo: Entonces no lo comentaríamos todos.

-A ver si lo entiendo, replicó Sócrates. Me estas diciendo que vas a hablar mal de alguien sin ni siquiera saber si es cierto, y no te importa ni la verdad ni esa persona…

El discípulo, cada vez más avergonzado, comenzó a arrepentirse de su atrevimiento, y empezó a agachar la cabeza hacia su túnica de lino.

Pues aqui va la terecera pregunta clave, dijo Sócrates:

– Lo que me vas a contar de esa persona, ¿es provechoso para alguien? (Utilidad)

Sinceramente creo que no, reconoció derrotado el discípulo.

Pues entonces, si no sabes si es verdad, si incluso siéndolo no es nada positivo para esa persona, y si ni siquiera se puede sacar una lección aprovechable para nadie, entonces, ¿Para qué me lo cuentas?.”

Hasta aquí la historia. ¿Qué os parecería si cada vez que escuchamos un bulo destructivo sobre alguien lo sometiéramos a las tres preguntas clave de Sócrates? Seguramente otro gallo cantaría.

Ahora me gustaría recordar un refrán que dice así: “Lo que dice Pedro de Juan, habla más de Pedro que de Juan”. Este refrán es un claro ejemplo de lo que llamamos Proyección. La Proyección es un mecanismo de defensa mental mediante el cual una persona atribuye a otros sentimientos, pensamientos o impulsos propios que niega o le resultan inaceptables para sí. Aquí lo dejo para la reflexión de cada uno.

Una cosa más, la gente feliz y con sana autoestima no suele sentir la necesidad de hablar mal de los demás o de denostarles de ninguna manera.

Silencio y respeto - Psicoarte

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