Meditación con Mandalas

La milenaria y solvente práctica de la meditación consiste en el ejercicio metódico de la atención mental y el cultivo armónico de la mente, a din de potenciar todos los recursos mentales y purificar el inconsciente, mejora la calidad de vida psíquica y la afectividad, adquirir sosiego y equilibrio, superar la ansiedad y frenar el estrés.

Darse cuenta de que uno es el pensador de pensamientos más que los pensamientos mismos, es tremendamente liberador. Uno consigue comprender que no tiene que ser perturbado por ninguna película de desastres que se proyecta en la pantalla de la mente, por recuerdos del pasado cargados de melancolía o fantasías del futuro preñadas de fatalidad. La meditación nos permite ver lo que es real más claramente, sin ser perturbados por lo que nos dicen nuestras mentes acerca de lo que podíra o debería suceder. Pues nuestras mentes nunca están en el “Aquí y Ahora”, sino que se hallan detenidas en el pasado o en el futuro. Tal vez lo más importante que la meditación regular hace por nosotros es incrementar nuestra capacidad para vivir en el momento presente.

Los mandalas son mucho más que unos dibujos realizados en papel, tela o arena, entre otros soportes. A través de una serie de circulos (concéntricos o no), el mandala representa al propio cosmos. Así pues, este diagrama constituye  una imagen tanto del mundo como de un panteón simbólico. Para quiene nunca han “penetrado” en un mandala, la iniciación consistirá sencillamente en observar las diferentes zonas y, de este moso, acceder a los diferentes niveles del propio mandala, tal y como si camináramos en un laberinto hasta alcanzar su centro.

Como resultado y dependiendo de cómo se emprenda el camino, a través de éste se pueden obtener diferentes metas: si pintamos, dibujamos o construimos un mandala, podemos obtener una relajación mental y olvidar las tensiones y problemas de la vida cotidiana, además de la posibilidad de expresarnos, así como de encontrar el verdadero yo; si lo contemplamos, empleándolo como objeto de nuestra meditación, la posibilidad de trascender el yo y alcanzar otros estados de conciencia (o, dependiendo del enfoque, de unirnos a lo que cada uno considere más sagrado), etc. Son reconocidos los efectos terapéuticos de los mandalas, tanto para los niños como para los adultos. Estas imágenes circulares están almacenadas en el subconsciente de cada uno de nosotros y, a través de su contemplación, pueden reunir las fuerzas dispersas de la mente y el alma. Los mandalas ejercen su profundo efecto mediante la práctica de la meditación. Podemos aprender este método de autoconcienciación observando los mandalas con calma y dejando que actúen o bien rellenando sus formas con colores. Ambos métodos nos ayudan a concentrarnos, a descubrirnos nuevamente, a encauzar los procesos interiores y, de esta forma, conseguir sanarse a uno mismo.

Entre las técnicas de la psicoterapia encontrarmos la meditación con los mandalas como un ejercicio de relajación metódico. El psicólogo Carl Gustav Jung estudió exhaustivamente el efecto curativo de las imágenes circulares en el alma, confirmando que pintar mandalas ofrece tranquilidad y sosiego tanto a los psíquicamente sanos como a los enfermos.

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